«Comienza a cabalgar» es un canto a la libertad. El caballo surge entre tonos dorados y rojizos como si fuera fuego en movimiento, símbolo de fuerza y espíritu indomable. Su melena, agitada por el viento, parece fundirse con el entorno en un torbellino de energía pura.
Cada pincelada es un latido, cada trazo una huella de poder y vitalidad. Esta obra no solo retrata un animal: celebra la esencia de lo salvaje, lo libre, lo eterno. Un homenaje al caballo como compañero de caminos y metáfora de la vida que siempre avanza, sin detenerse.»